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El germen de todo el proyecto

Abuela. Ponque de Vainilla

Hago Ponqué (bizcocho) desde los ocho años. Mi abuela me enseñó que mezclando mantequilla, azúcar, huevos, leche, vainilla y harina, y cocinándolo en el horno a 180° se lograba una alquimia maravillosa. En un molde (de aquellos que tienen un agujero en medio) se vertía la deliciosa masa que me provocaba devorar en crudo. La metía al horno, y cuando habían pasado treinta minutos la cocina de su casa (y mi casa) se impregnaba de un aroma tentador, artesano, acogedor. Un horno de gas, marca Tappan, hacía la magia, la masa se esponjaba y solo con mirar a través de la ventanilla se te hacía la boca agua. A eso huele mi infancia: a dulce ponqué cocido a 180°.

En 2006 aterricé en Barcelona, dejé mi batidora (la de mi mamá) en Caracas para venir a la Ciudad Condal a hacer un máster en Comisariado. En esa época no pensaba en la importancia de aquel pastel, mi mente estaba centrada en el arte contemporáneo, en museos y en las experiencias que tenía que aprovechar.

Mi intención era regresar. Pero en ese master conocí a mi marido. Él se sentaba siempre detrás de mí. Llegó el verano, comenzamos a salir, y no paramos de salir… así que de “cop i volta” me vi catalana, viviendo en un pueblo de mar, aprendiendo a vivir de otra manera.

Fue entonces cuando pensé en la batidora, en que me faltaba ese olor a tarta recién salida del horno para que esta fuera realmente mi nueva casa. Comencé a buscar por Internet para comprarme una, y ohh! Sorpresa, me la trajeron los Reyes Magos después de que mi esposo la hubiera comprado para mi cumpleaños, y dos días antes, en uno de esos momentos iluminados que me dan, dije: “no se vale comprar regalos de cumpleaños que sean para la casa, porque entonces es un regalo para los dos”, sin tener ni idea de que la batidora ya estaba envuelta para regalo en casa de mi suegra. El pobre lo comentó con su jefa y ella asintió diciendo: “ni se te ocurra regalarle la batidora de cumpleaños”. Entonces, tuvo que salir pitando a comprarme otra cosa. Me quedé sin batidora hasta que llegaron Gaspar, Melchor y Baltasar.-

Ya con mi nuevo ayudante de cocina regresó el afán de hacer masas batidas, de montar claras y sorprender a mi nueva familia política.

Pero sobre todo de recordar a mi abuela.

 

 

A continuación la receta de su Ponqué de Vainilla

 

 

1 taza (250gr) de mantequilla (temperatura ambiente)
2 tazas de Azúcar
6 huevos (yemas y claras separadas)
1 taza de leche
1 cucharadita de extracto de vainilla
1 chucharadita de polvo royal
1 pizca de sal
2 tazas de Harina (todo uso)

Precalienta el horno a 180°C/ 350°F.

Tamiza la harina, el polvo royal y la sal, reserva.

En la batidora eléctrica bate la mantequilla y el azúcar hasta obtener una mezcla clara y esponjosa, a continuación baja la velocidad y agrega las yemas de huevo, una a una, hasta que se incorporen.

Paralelamente, con un batidor eléctrico de varillas, monta las claras a punto de nieve, reservar.

Volviendo a la mezcla anterior, agrega la leche, poco a poco, para que ésta no pierda consistencia. A continuación la vainilla. Después, añade la harina, el polvo royal y la sal en tres partes, con cuidado de no batir en exceso.

Cuando esté todo bien mezclado incorpora las claras montadas con la espátula haciendo movimientos envolventes.

Coloca la mezcla en un molde previamente engrasado y enharinado para que no se pegue. Y déjalo cocer una hora aproximadamente. El truco para saber si está listo es insertar un palillo y si sale limpio… ¡está listo!