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Lista de Espera. Tarta de Ciruelas y Almendras

Desde que llegué a este país me he enfrentado en numerosas ocasiones con la temida burocracia española. Incluso desde antes de llegar a vivir aquí tuve que hacer innumerables visitas al consulado español en Caracas para solicitar mi visado de estudiante. Desde antecedentes penales hasta la prueba del VIH me pidieron, entre otros documentos más comunes, para aprobar mi estancia temporal en la península.

Dentro de pocos meses habrán pasado cuatro años ya desde que solicité la nacionalidad. Entre cita y cita tardé unos cuantos meses, y luego de que ya la policía viera hasta cuantos litros de agua gasto cuando me baño, me dijeron que tardaría unos tres años, pero la realidad es que mi expediente aún sigue esperando, amarillento que estará por el paso del tiempo, a salvo del polvo por los miles de papeles que habrán amontonados encima, esperando su turno. A este paso, cuando me llamen, resulta que también tendré que pedir la catalana.

No es que en Venezuela sea muy diferente, de hecho puede llegar a ser mil veces peor, pero, como buenos latinos, pagando se agiliza el trámite. Triste, sí. No es para enorgullecerse.

Para casarnos no fue muy diferente la cosa. Pide tú desde Barcelona una partida de nacimiento en tu ciudad natal, más un certificado de soltería, más un sinfín de papeles extras, todos ellos apostillados por La Haya. Cuando finalmente consigues todo, prepárate para el interrogatorio al más puro estilo de la película «Matrimonio de Conveniencia». Aún recuerdo al detalle las preguntas que nos hicieron por separado. La verdad es que no las acertamos todas, y si hubiera sido de verdad un examen, no hubiéramos pasado del aprobado. Por suerte fueron más benevolentes que con Gerard Depardieu y a los pocos meses pudimos casarnos en nuestro juzgado.

A veces me pregunto qué hemos hecho mal durante todos nuestros siglos de historia para que a día de hoy sea tan difícil conseguir según que cosas. Y eso que estamos en la era de la informática, que debería supuestamente ahorrarte tiempo, aunque la realidad sea que hace veinte o treinta años seguramente la vida era más sencilla y los trámites más ágiles que ahora.

Antes, si tenías tu huerto y cultivabas tus ciruelas, no debería ser tan difícil venderlas en la plaza del pueblo, o cambiárselos a tu vecino por un litro de leche recién ordeñada. Hoy en día si quieres vender tus humildes frutos, antes tendrás que ir a Hacienda a darte de alta, buscar el epígrafe que se corresponda con la actividad de la recolección de ciruelas, pedir un registro que avale su salubridad, y ofrecerla casi regalada a un sinfín de intermediarios a precio de coste. Pero ahorra, que a final de mes tendrás que pagar sus impuestos y la temida cuota de la Seguridad Social.

Por suerte si hay algo verdaderamente instantáneo hoy en día es el mundo virtual. Y así puedo ofreceros a todos, estéis en España o en Venezuela, esta jugosa tarta de ciruelas y almendras recién recolectadas, o mejor dicho compradas, para que todos la podáis degustar sobre una masa hojaldrada de muerte lenta.

A continuación la receta de la Tarta de Ciruela y Almendras

 

Para la masa hojaldrada

1 1/4  taza de harina todo uso
1/4 cucharadita de sal
1 cucharada de azúcar glas
110 gr. de mantequilla helada y cortada en cubitos
1/4 taza de hagua helada

En un bol, mezcla la harina, la sal y el azúcar, agrega la mantequilla recien sacada de la nevera, y con la punta de los dedos ve incorporando todos los ingredientes, debes conseguir una especie de migas, en las que seguramente hayan todavía trozos más grandes de mantequilla. Entonces, agrega el agua poco a poco, es decir, cucharada a cucharada, hasta obtener una bola de masa que no se pegue a las manos. Puede ser que no necesites agregar todo el agua. Envuelve en papel film y refrigera al menos por 2 horas.

Con la ayuda de un rodillo estira la masa sobre una superficie lisa, cubre un molde de 20 cm aprox. (yo use uno rectangular). Corta los excedentes laterales y dale forma a los bordes. Refrigera por 30 minutos y prehornea a 180º unos 15 minutos.

Para el relleno

6 – 7 ciruelas rojas
5 cucharadas de azúcar
1/4 de cucharadita de canela
1 pizca de nuez moscada
1 puñado de almendras fileteadas

Corta las ciruelas en rodajas de 2 mm, retira la semilla, y luego corta las rodajas a la mitad. En un recipiente baña la fruta con el azúcar, la canela y la nuez moscada. Deja reposar por unos 15 minutos. De esta forma las ciruelas soltarán agua y formaran un jugoso almibar en el horno.

Montaje

Precalienta el horno a 180ºC / 350ºF

Sobre la masa prehorneada espolvorea las almendras fileteadas, posteriormente coloca las ciruelas cortadas de forma ordenada según el molde que hayas seleccionado. Baña con parte del jugo que soltaron las frutas. Pincela con clara de huevo los bordes de la masa para que queden brillantes. Hornea por 20-25 minutos hasta que la fruta se vea caramelizada y la masa doradita.

Tips:

1. Puedes hacer la primera parte de la masa en procesador, pero cuando agregues el agua trabaja la masa a mano, sino corres el riesgo de perder el efecto hojaldrado.
2. Puedes poner crema pastelera entre la masa y la fruta, yo prefiero sin.
3. La ciruela es una fruta muy barata en esta época, así que tendras en la mesa un postre delicioso y muy económico.
4. Ten paciencia con los tramites burocráticos, pues no parece que vaya a cambiar en ningún lugar del mundo.

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COMMENTS

  • 3 octubre 2012

    Carai que complicado, cuantos papeles!
    La tarta muy rica!
    Un abrazo

  • 3 octubre 2012

    Tienes razón nos ahoga la burocracia, que fácil sería todo sin papeleos aunque probablemente también sería más caótico. Cualquier espera endulzada con una tarta tan rica como ésta se hace menos pesada seguro. Ojalá pronto le llegue el turno a tu expediente y puedas dejar de estar en esa lista de espera. Un beso

  • 3 octubre 2012

    Te felicito por la tarta y por haber superado la burocracia de éste país, bueno casi!!!

  • 4 octubre 2012

    Andrea

    Tienes razón, justo ayer fui al registro para ver como iba lo mío, 3 años de espera y me dicen que probablemente un año más. A estas alturas ya no se sí me interesa tener la nacionalidad. Eso si, a la hora de tener que pagar impuestos no se tardan ni una semana. Esto también es en todos los países igual. No estas solo. Ánimo !!

  • 4 octubre 2012

    Tesei

    Ja, ja, ja… Veo que estamos todos en las mismas, yo tb voy para el 4 año de espera y aún siguen «deliberando». Pero si alguna vez has tenido que hacer algún trámite en el consulado de Italia, te aseguro que ya directamente optas por regresarte a casa y dejar de perseguir el trámite en cuestión. En Latinoamérica tampoco son muy diferentes las coasas, lo cierto es que cuando uno llega aquí te das cuenta, como dice una amiga, que nuestra burocracia no nos la inventamos, la heredamos! Paciencia, ahora mismo hay cosas mucho peores que seguir en lista de espera 😉 Gracias por tan rica receta!

  • 5 octubre 2012

    Hola guapos!!!
    No me olvidado de vosotros, es que ultimamente ando traspapelada jajaja…con tanta burocracia, no fuera bromas, ando algo mal de tiempo.

    Un beso

  • 6 octubre 2012

    Yolanda

    Me ha encantado tu entrada, por la receta y por la historia. Yo he pasado por lo mismo que tú, en cuanto a los trámites, pero supongo que hace diez años era más sencillo pues yo sólo esperé un año para obtener la nacionalidad. A la hora de casarnos la verdad es que nos hicieron pocas preguntas, supongo que por estar yo embarazada de 5 meses, ja, je En fin, te deseo suerte guapa, enhorabuena por el blog