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El Reencuentro. Galletas de Manzana Gravitantes

Veía a una niña entrar y salir, correr por el salón, jugar con mis pies de dedos fragmentados. Me ponía lazos y cintas en los cuatro pelos petrificados que nacían de mi cabeza hueca. Un agujero en mi tórax servía como taquilla mientras la niña jugaba con sus primas al “cine”. Y mi manzana, cómo no, mi artilugio más llamativo, una fina línea de bronce unía mi dedo con esa bola colgante, una fruta gravitando que pasó mucho tiempo escondida por temor a la niña terremoto. Por la noche, me transformaba para darle miedo a la chiquilla con mi espeluznante sombra, y mi silueta surrealista.

Esa fue mi vida durante unos quince años, custodiando la esquina de un salón en una casa caraqueña. Yo, que venía de Figueres, según dicen. Me encargaba de despedir a los que salían de la casa, con mi figura de 1.39 mts, desde un pedestal blanco que me alzaba magnífico.

Mi creador, un tal Salvador Dalí, me bautizó en 1969 como “Hommage à Newton” (Homenaje a Newton), un artista que en el mismo año flirteaba con la ciencia, con la cuarta dimensión y hasta con la imagen de la famosas piruletas Chupa Chups. Decidió indagar sobre la gravedad y las manzanas de Isaac Newton (1642) y me esculpió en bronce negro. Con mimo y esmero realizó 8 réplicas, más unas pruebas de artista, y yo, la quinta de ocho, acabé por azar en Caracas, al pie del Ávila, en casa de un médico que de vez en cuando decía que su mujer se parecía a Gala.

En 1989, luego que mi creador pasara a mejor vida, la señora de la casa, esa que presuntamente guardaba un cierto parecido con su mujer, decidió subastarme. Mi belleza o extrañeza no se apreciaba en todo su volumen en aquel salón. Además, ahora mi precio sería más elevado dada la muerte de mi autor. Y así, en febrero de 1989, abandoné el Caribe para irme a una casa de subastas en la Gran Manzana.

Más nunca volví a ver a aquella niña, ni a su familia. La eché de menos, pues mis nuevos compradores me colocaron en una fría e impasible institución bancaria, en una zona de paso donde mi esplendor era más evidente, pero nadie podía tocarme, ni jugar conmigo o con mi manzana en forma de yo-yó.

Hasta que un caluroso día de julio de 2006, aquella niña, entonces una museóloga de 26 años, acompañada de un presumible candidato a novio, apareció en mi sala del Teatro Museo Dalí de Figueres. La niña se volvió loca al verme, sacó su cámara y comenzó a hacerme fotos desde todos los ángulos, le contaba a su acompañante que habíamos vivido casi 10 años juntos y que yo le asustaba por la noche. De pronto, llegó un guardia de seguridad a llamarle la atención, y es que me estaba haciendo fotos con flash (el colmo en una museóloga), me estaba tocando, y por supuesto, en un museo eso está prohibido. La ahora señorita no le hizo ni el más mínimo caso a la advertencia, le invadió la emoción del emotivo reencuentro, los recuerdos, el viaje al salón de su casa cuando ella no sabía ni quien era Dalí, ni Newton.  Así, sin darse cuenta y producto de la agitación, continuó haciendo fotos con flash, y en consecuencia, la echaron de la sala sin derecho a pataleo. La mujer que le custodiaba jamás entendería que entre nosotros había una relación anterior.

Si no fuera porque soy de bronce hubiera derramado una lágrima al ver aquella niña, acompañada de quien, años más tarde, se convertiría en su marido. Si tuviera labios, le hubiera dicho que me hacía la misma ilusión volver a verla. Pero me complace saber que ambos estamos en el mismo territorio, que puede volver cuando quiera y que, al menos, conserva mi foto en mi lugar predilecto: el salón de su casa.

 

 

A continuación la receta de Galletas de Manzana Gravitantes

 

 

2 tazas de harina todo uso
½ taza de azúcar
180 gr. de mantequilla (fría y en cubitos)
2 yemas de huevo
1 pizca de sal
2 cucharadas de manzana liofilizada en polvo (marca sosa)
200 gramos de chocolate derretido para decorar (opcional)

Tamiza la harina, únela con el azúcar y haz un volcán. En el centro coloca la mantequilla y las yemas. Mezcla todos los ingredientes hasta que quede una masa bien compacta. Si ésta quedara muy grasosa agrega un poco más de harina. Deja reposar en la nevera por una hora.

Retira la masa de la nevera, deja que pierda un poco de temperatura y sobre una superficie limpia y con harina estira la masa con un rodillo. Corta el doble la cantidad de galletas deseadas y colócalas en la bandeja forrada con papel de horno. Pincela con clara de huevo, coloca un palito de piruleta y luego otra capa de masa cortada, a modo de sándwich. Presiona ligeramente para unir ambas capas y pasa el dedo para unificar los bordes. Congela por 10 minutos.

Precalienta el horno a 180°C/ 350°F. Saca la bandeja de horno y hornea hasta que estén doraditas en los bordes, 14 minutos aprox. Deja enfriar sobre una rejilla.

Decora con chocolate derretido, preferiblemente atemperado, sumergiendo una mitad de la galleta y si deseas vuelve a sumergir en polvo frutos secos, yo use de pistachos.

 

Tips:

1. Puedes hacer la masa en el robot de cocina. Colocando primero los ingredientes secos y la mantequilla y por último las yemas.
2. Si ves que la masa se pega a las manos añade más harina.
3. Es muy importante trabajar siempre con la masa fría.
4. La manzana liofilizada la compré para probar,  viene en un bote y es de la marca Sosa. Si no tienes no pasa nada.
5. Los palos de piruleta o chupeta deben ser de papel, no de plástico.
6. Sírvelas colgadas, retando a la gravedad, puedes atarlas. Si te parece complicado ponlas en forma de buquet, en un pequeño florero.

 

COMMENTS

  • 10 julio 2012

    Ari

    Ana!. Que bonito escrito… hasta el punto de emocionarme
    Me encanta!

  • 10 julio 2012

    Wow, qué afortunada de haber crecido teniendo en casa una de estas réplicas!!! Es una entrada muy bonita y una foto estupenda 🙂

  • 11 julio 2012

    carolina henriquez

    Que buena historia!! y que de recuerdos me trae, hasta le poniamos su gorro de Santa todas las navidades!!!

  • 11 julio 2012

    Leonor

    Me encanto esta entrega, sobre todo porque conozco en detalle la historia. Se te olvido mencionar que en Navidad le ponian su gorro de San Nicolas. Lo mas surrealista de la historia, no es la escultura en si, sino el lugar donde vivio portantos anos. Dali estaria muy complacido, creo…

  • 12 julio 2012

    No conocía la manzana liofilizada en polvo, tendré ue investigar sobre ello.
    Aún así, hoy me quedo con la historia tan tan tan preciosa que nos has regalado, sublime.
    Besos

  • 16 julio 2012

    johan

    Qué bonita tu historia… al final habéis acabado los dos bien cerquita, la de vueltas que da la vida. Las galletas tienen una pinta estupenda. Besos