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Roma, una ciudad de la que todo se ha dicho. 7 colinas. Un mito. Historia infinita.

Hace un par de semanas tuvimos el placer de caminar (y dejarnos los pies) sobre sus irregulares adoquines, y vivir la inolvidable y colectiva experiencia de ser unos de los milones de turistas que desembarcan cada año en la Città Eterna.

El viaje comenzó dos meses antes, cuando compramos los billetes, buscamos un espectacular alojamiento en plena zona residencial más allá del famoso Trastevere, y engullimos libros, series o películas para empaparnos en su salsa republicana, imperial, barroca… y actual.

Una vez aterrizados, con los ojos abiertos, y la boca aún más, comenzó el deleite… Entre la visita al Coliseo y al Foro, entre Nerón y Constantino: Un panini de Porchetta, explosión de sabor envuelta entre focaccias. ¿Cómo explicarles el primer mordisco? Se me derrite la boca mientras lo escribo. Indescriptible, sonoro, aromático, delicioso, barato y callejero. Así abrimos el paladar a Roma.

Teníamos un as bajo la manga que nos permitió descubrir restaurantes y sobre todo pastelerías de lagrimas en los ojos. Me refiero al app EAT ROME de Elizabeth Minnchilli, una mujer que se ha tomado la “grandísima” molestia de comer en cada esquina para que no caigas en el típico sitio para guiris con platos petrificados en la puerta (allí no ponen fotos sino unos bodegones que muestran al viajero el “menú romano”). Zona en la que estábamos, zona en la que le consultábamos a esta señora qué posibilidades teníamos cerca. Fue una gran compañera. También Lonely Planet nos desveló algún tesoro. Y nuestra anfitriona del piso, algún otro. Nada como poder ser recomendado por locales.

Del Testaccio a Trastevere o de una cerveza artesanal a una flor de calabacín o pasta amatricciana, una botella de vino y una caminata nocturna de vuelta a casa en la que no hacía otra cosa que pedirle besos a Guille. Yo no suelo beber habitualmente…

A la mañana siguiente llegaron los fuegos artificiales, el encuentro con DOLCE MANIERA, una pastelería subterránea, enana, sin ningún adorno, y atestada de gente, donde descubrimos los placeres más pecaminosos (y esto fue antes de entrar en el Vaticano): LA SFOGLIATELLE RICCIE Y SFOGLIATELLE COLA DE LANGOSTA. ¡Dios mío! Una vez más de pie, caminando con las entradas para ver La Escuela de Atenas de Rafael, íbamos dando mordiscos y pronunciando onomatopeyas de placer. No les puedo explicar el crujir de esas millones de capas de finísima masa, la crema muselina tan bien ejecutada, la ricotta endulzada. La Porchetta había quedado en el olvido. Y así, con la barriga llena y el paladar alebrestado entramos a ver a Miguel Angel, Bernini, y Borromini. Boquiabiertos.

Seguimos por el Campo di Fiori, sus caóticas calles de colores mostazas, entre ruinas y obeliscos por el medio, y allí estaba ROSCIOLI, esperándonos con unas pizzas al taglio de aplausos. Una vez más nada elegante, sin ínfulas, pero con un sabor y una calidad de ingredientes que olé. La burrata fresca bañada en pesto, y la berenjena. Que sencillez tan sabrosa.

Del Panteón al aperitivi en el Ghetto, el restaurante de las alcachofas fritas estaba cerrado, así que Elizabeth nos hizo regresar y disfrutar de la mejor cena en el restaurante DITIRAMBO, empezando por un astipasto variado de la casa (ricotta con menta, prosciutto, una especie de croqueta de berenjena, un tartar de carne y una brusquetta de tomate) que hizo de abreboca para una de las mejores pastas que me he comido nunca, tenía alcachofas y la salsa era inexplicable, transparente pero cremosa. No hubo sitio para el postre.

Continuamos ya de día por el mercadillo que ponen en la calle en la zona tan bonita que nos alojaba, entre gente local que iba a trabajar y niños que iban a colegio. Nos paseamos entre las paradas y nos provocaba tener un carrito de la compra y que te dejaran embarcarlo en el avión. De allí la caminata a ver una preciosa vista, más callecitas, más delicias a su paso, ojeando laboratorios (obradores), probando cannolis, y dejándonos 8€ por capuchino en Rossatti (casposa pastelería) en la Piazza del Popolo. De ahí a la Piazza Spagna, con sus flamantes 115 escalones, donde nos comimos una pasta que vendían a 2 minutos en PASTIFICIO, un local muy peculiar, lleno de italianos y turistas por igual en donde por apenas 4 euros te servían un plato de pasta buenísima. Tienen más de 100 años ofreciendo el tan sencillo menú de pasta con cerdo o sin cerdo y un vaso de agua que te puedes servir de las miles de botelles abiertas dispuestas en el minísculo y concurrido local. Éste es un MUST.

Después tocaba el gelato, bajando por la calle Condotti, volvimos a deleitarnos con el impresionante Panteón, (el edificio favorito de Guille) y pusimos marcha a FIOCCO DI NIEVE. una Gelateria muy rica, pero que si les digo la verdad ya la sfogliatelle se encargó de que todo lo dulce que entrara en mi boca no fuera tan relevante.

El café es otro tema. Es un arte el cómo lo preparan, cómo lo sirven, la intensidad que tiene. Ah, y nada que ver con el robo de la Piazza del Popolo. En una barra brutal y en plan shot de tequila, entra y sale gente sólo a tomar café de todo tipo y en un segundo… no duran más de 2 minutos en el sitio. Rotación continua en el Sant’ Eustachio.

Esa noche después de un largo paseo a la plaza de la Orden de los Caballeros de Malta, una rápida pasada por el teatro Marcello, y una lluvia torrencial de 30 minutos, volvimos al Trastevere, donde queríamos tener una noche guiri, sin recomendaciones, comer pizza normal, circular, finita, tiramisú, limoncello… y ¡Sara Jessica Parker! Si, si, coincidimos con una filmación de su última película en Roma.

Última mañana, nos quedamos cerca de nuestra Maisonnette, y recorrimos una vez más el mercadillo, desayunando un delicioso capuchino al lado de casa, y unos biscottis de miel y pistachos. Y nos fuimos a despedirnos de la ciudad como dios manda: en la Pastelería Dolci Desideri… con una bandeja para llevar repleta de adivinen que: Sfogliatelle.

Ciao Roma!

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Publicado por Sweet 180º · 1 Comment
 

One Response to Roma. Recomendaciones de unos Golosos

  1. IFeelCook dice:

    Oh, qué guay, qué envidia. Me lo apunto todo para cuando pueda volver a Roma y recorrer todos estos sitios! Al Sant’ Eustachio sí que fui a tomarme un cappuccino ^_^ Creo que no he comido más pasta y pizza en mi vida… jeje.